Tuesday, October 25, 2005

LA BIENAL VISTA POR MARCENIA BAQUES

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ACONTECIMIENTOS

La Bienal de Venecia
y Art Basel

Publicado en la revista AMIC@ART (Boletín mensual de la Associació Amics de l´Art)

LA 51ª. BIENAL DE VENECIA: MÁS FEMENINA Y LATINOAMERICANA

Al entrar en el famoso Arsenale veneciano (antiguo astillero del siglo XII), nos sorprende profundamente una majestuosa “chandelier”, lámpara clásica elaborada por la artista franco-portuguesa Joana Vasconcelos, con 14.000 tampones (marca OB, con envoltorio plástico, hilos, y todo), en vez de cristales, obra titulada La Novia, y que según la misma artista, es una reflexión sobre la condición de las mujeres “bajo las dictaduras inspiradas en el modelo de catolicismo más misógino y conservador”. En su derredor varios carteles, la mayoría de tamaños considerables, con postulados reivindicativos, críticos y provocadores de las GUERRILLAS GIRLS (colectivo anónimo de artistas norteamericanas), forzosamente nos invitan también a reflexionar sobre algunas condiciones de la mujer en el arte: “¿Tienen que desnudarse las mujeres para ingresar al Museo Metropolitano? Menos del 3% de los artistas en las exposiciones de arte moderno son mujeres, pero el 83% de los desnudos son femeninos.”

Nada de esto nos debería sorprender por cuanto por primera vez en la historia de esta gran muestra de arte contemporáneo (110 años), la 51 edición de la BIENNALE DI VENEZIA, ha sido presentada por dos mujeres, las curadoras (además españolas), María de Corral y Rosa Martínez. La primera ha sido la encargada de la muestra titulada LA EXPERIENCIA DEL ARTE (Pabellón de Italia de Los Giardini), con la selección de un abanico de artistas reconocidos internacionalmente, muchos latinoamericanos (demasiados, según algunas voces, y pocos italianos, según otras denuncias), como la cubana Tania Bruguera, el mexicano Gabriel Orozco, los argentinos Jorge Macchi y Leandro Erlich, y otros también de gran trascendencia y distintas latitudes como Bacon, Guston, Tàpies, etc. Pero la que nos lleva “un poco más allá” por su arriesgada postura y selección de artistas, es en definitiva la muestra presentada por Rosa Martínez, la responsable de SIEMPRE UN POCO MAS LEJOS, del Arsenale. Bajo sus criterios de “calidad y significación” el recinto de más de 9 mil metros cuadrados cuenta con un número considerable de obras elaboradas por mujeres., tampoco tantas, aún cuando la curadora insiste en hablar de presencias “equilibradas”. Paradójicamente otro de los carteles de las Guerrillas Girls reza que en un siglo de la bienal tan sólo se ha pasado de un 3 a un 9% de participación femenina. ¿Habremos alcanzado cifras records en esta edición?

Sea como sea que hablen los números, además de obras como las de Vasconcelos y Guerrillas Girls, el paseo por el recinto del Arsenale implica especialmente detenerse en trabajos como el de la guatemalteca Regina José Galindo (ganadora del León de Oro al mejor artista joven de la Bienal): “¿Quién puede borrar las huellas?”, es un video donde la artista camina con una palangana llena de sangre por una calle de la ciudad de Guatemala y va mojando sus pies en ésta, dejando sus huellas ensangrentadas. Finalmente, deja el recipiente ante un grupo de militares, frente a la Corte de Constitucionalidad de su país. Otro trabajo de esta artista recuerda a las más de 394 mujeres asesinadas en Guatemala en el 2004 y principios del 2005. Finalmente, el jurado señaló que esta artista merecía el premio “por haber sabido dar vida a una acción corajuda contra el poder, en su tríptico de performance y documentación, de un fuerte impacto visual”. En cuanto a los otros premios de esta bienal, habría que señalar al alemán Thomas Schütte, en la categoría general, y a Francia, por el mejor pabellón nacional, con la obra de Annette Messager. Además, el jurado también otorgó otro premio especial, por su trayectoria artística, a la estadounidense Barbara Kruger. Con este reconocimiento, son tres a uno a favor de “ellas”.

El recorrido por la Arsenale continúa con obras de más de cuarenta autores, entre instalaciones, pinturas y proyecciones audiovisuales; y con importantes trabajos de otras artistas como el de la italiana Bruna Esposito, la obra más pequeña expuesta en la Bienal, una “Perla de Plomo”, del tamaño de un alfiler; el video de “porcelanas” de Runa Islam, que juega con la participación-emoción del espectador; los dramáticos personajes-instalaciones de Paloma Varga Weisz; los controversiales espacios de doble sentido de Mona Hatoum; o las subversiones culturales de la española Pilar Albarracín, con su video de pasos de flamenco.

Al margen de estas controversias reivindicativas o feministas, otros pabellones que nos interesan destacar por la calidad de su selección son: el de Venezuela con el artista Santiago Pol, con una selección retrospectiva de los carteles más importantes de su carrera gráfica; el de Estados Unidos, con una muestra muy contundente de los desolados “paisajes” industriales, como crítica al “consumismo”, del artista Ed Ruscha; el de los iridiscentes, críticos y contundentes graffitis de las foto-piezas de Gilbert & George en “Ginkgo Pictures” del pabellón británico; los “grandes experimentos” en navegación de Balázs Kicsiny, Hungría, entre otros. Mención especial, el de España, comisariado por Bartomeu Marí, que reúne varios de los trabajos de Antoni Muntadas: “IN TRANSLATION”, una impecable presentación retrospectiva de sus videos, fotografías o publicaciones, los cuales denuncian o evidencian “ciertas formas” públicas como privadas, políticas o sociales, de dominación y comunicación.

Pero en este encuentro mundial de arte contemporáneo hay para todos los gustos “como en botica”. Algunos observadores han señalado que lo mejor de la Biennale está fuera de los recintos oficiales. Además de Los Giardini y el Arsenale, hay más de 31 pabellones de arte esparcidos por toda la ciudad, sin contar con los espacios tradicionales. Por ejemplo, en el Peggy Guggenheim, la muestra de 55 trabajos sobre papel (muy poco conocidos) de Jackson Pollock, es una de las exposiciones más concurridas de la temporada, lo mismo que la gran retrospectiva de Lucien Freud, del Museo Correr de la plaza San Marcos, colección que resume quizás, algunas de las grandes preocupaciones sociales de la cultura occidental de fin de siglo (la desnudez, la carne, la rotura de clisés, el “figuratismo” desenfrenado y excesivo, etc.).

Por último, como parte del “Body Attack”, programa de danza contemporánea de la Bienal, dirigido por el brasileño Ismael Ivo, se presentan las agrupaciones Indios Xavantes de Mato Grosso, Brasil, la Danza Contemporánea de Cuba y el Ballet de Santiago de Chile. Ritmos afrocubanos, ballet clásico, danza contemporánea en obras como COMPÁS del Grupo de Cuba, ERENDIRA de Ivo, coreografía inspirada en el realismo mágico de Gabriel García Márquez y CUERPOS PINTADOS, del Ballet de Santiago y dirigida por la brasileña Márcia Haydée e inspirada en el mismo poema de Pablo Neruda, refuerzan como nunca la presencia latinoamericana en la bienal.

La 51ª. Bienal de Venecia, entre lo femenino y lo latinoamericano, hasta el 6 de noviembre.



Marcenia Baqués

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