Thursday, March 18, 2010

LAS CORRIDAS DE TOROS

A raíz del debate sobre las corridas de toros iniciado en el Parlamento catalán, a propuesta de una organización civil, Esperanza Aguirre, la aguerrida presidenta de la Comunidad de Madrid ha saltado al ruedo y ha solicitado que las corridas de toros sean declaradas BIEN DE INTERES CULTURAL.
El consejero de cultura de la comunidad de Madrid no ha tenido reparos en confesar que dicha medida ha sido suscitada a partir d el debate abierto en Cataluña. En otras palabras, ha tomada una medida “política” buscando los réditos electorales que siembre producen las confrontaciones con los “catalanes” a pesar que el mismo Montilla ha declarado que no estaba a favor de una prohibición.
Esperanza Aguirre no se quedó callada y se puso a favor de las corridas de toros. En “defensa” de los toros (¿). EA dijo que los toros son "un arte que merece estar protegido y que desde tiempo inmemorial pertenece a la cultura española y mediterránea". "Goya, Picasso, García Lorca y, fuera de nuestro país, Hemingway y Orson Welles se han ocupado de los toros como arte".
Es la primera vez que un hecho intangible, la lidia, será incluída como un Bien de Interés Cultural. Hasta ahora la lista comprendía solamente determinados inmuebles, paisajes y bienes físicos. Por lo tanto, la fiesta de los toros quedará protegida no sea que la iniciativa de los catalanes incite a otras organizaciones a seguir su ejemplo.
Echando leña al fuego, Francis Wolff, filósofo y profesor de la Universidad de la Sorbona ha declarado:
"La corrida ya no es la Fiesta Nacional de España, ahora forma parte del patrimonio cultural del sur de Europa e incluso es ya patrimonio mundial".
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Un conocido ganadero declaró que los parlamentarios eran "unos ignorantes del tema, porque moral e intelectualmente no pueden juzgar sobre un tema que desconocen".
El citado Wolff es autor libro Filosofía de las corridas de toros , que dice del toro: "Se le preserva con su innata bravura, por lo que sólo puede servir para la finalidad para la que es criado”.
Un portavoz de la asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia, declaró, por otra parte que "El 70% de los puyazos se dan en zonas posteriores e incorrectas del toro, infligiendo un gran daño neurológico. Además, las estocadas certeras apenas son del 20%, el resto crean hemorragias internas".
Lo queda claro es que al final del debate no habrá reparto de rabo y orejas.
Dicho todo esto, estimo dar cabida al artículo que salió publicado en “El País” (5/3/10) sobre las corridas de toros: escrito por el conocido periodista y escritor FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA (83 años)- Les ruego lo lean atentamente, hasta el final, y después actúen en conciencia.

LA MEMORIA DEL LLANTO

Perdonen si empiezo con una confidencia personal: yo, que soy contrario a los toros, entiendo de toros. Durante años, cuando me recogieron en Zaragoza durante la posguerra, traté casi diariamente con don Celestino Martín, que era el empresario de la plaza. Eso me permitió conocer a los grandes de la época: Jaime Noain, El Estudiante, Rafaelillo, Nicanor Villalta. Me permitió conocer también, a mi pesar, el mundo del toro: las palizas con sacos de arena al animal prisionero para quebrantarlo, los largos ayunos sustituidos poco antes de la fiesta por una comida excesiva para que el toro se sintiera cansado, la técnica de hacerle dar con la capa varias vueltas al ruedo para agotarlo... Si algún lector va a la plaza, le ruego observe el agotamiento del animal y cómo respira. Y eso antes de empezar.
Vi las puyas, las tuve en la mano, las sentí. El que pague por ver cómo a un ser vivo y noble le clavan eso debería pedir perdón a su conciencia y pedir perdón a Dios. ¿Quién es capaz de decir que eso no destroza? ¿Quién es capaz de decir que eso no causa dolor? Pero, claro, el torero, es decir, el artista necesita protegerse. La pica le rompe al toro los músculos del cuello, y a partir de entonces el animal no puede girar la cabeza y sólo logra embestir de frente. Así el famoso sabe por dónde van a pasar los cuernos y arrimarse después como un héroe, manchándose con la sangre del lomo del animal a mayor gloria de su valentía y su arte.
Me di cuenta, en mi ingenuidad de muchacho (los ingenuos ven la verdad), de que el toro era el único inocente que había en la plaza, que sólo buscaba una salida al ruedo del suplicio, tanto que a veces, en su desesperación, se lanzaba al tendido. Lo vi sufrir estocadas y estocadas, porque casi nunca se le mata a la primera, y ha quedado en mi memoria un pobre toro gimiendo en el centro de la plaza, con el estoque a medio clavar, pidiendo una piedad inútil. ¡El animal estaba pidiendo piedad...! Eso ha quedado en la memoria secreta que todos tenemos, mi memoria del llanto.
Y en esa memoria del llanto está el horror de las banderillas negras. A un pobre animal manso le clavaron esas varas con explosivos que le hacían saltar a pedazos la carne. Y la gente pagaba por verlo.
El que acude a la plaza debería hacer uso de ese sentido de la igualdad que todos tenemos y darse cuenta de que va a ver un juego de muerte y tortura con un solo perdedor: el animal. El peligro del toreo, además de inmoral como espectáculo, es efectista, y si no lo fuera, si encima pagáramos para ver morir a un hombre, faltarían manos y leyes para prohibir la fiesta.
Gente docta me dice: te equivocas. Esto es una tradición. Cierto. Pero gente docta me recuerda: teníamos la tradición de quemar vivos a los herejes en la plaza pública, la de ejecutar a garrote ante toda una ciudad, la de la esclavitud, la de la educación a palos. Todas esas tradiciones las hemos ido eliminando a base de leyes, cultura y valores humanos. ¿No habrá una ley para prohibir esa última tortura, por la cual además pagamos?
Perdonen a este viejo periodista que aún sabe mirar a los ojos de un animal y no ha perdido la memoria del llanto.

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